Esta es la noche que acompaña al silencio eterno
la fría soledad nos hace fuertes y débiles al tiempo,
le canto a la triste poesía
le canto a la palabra y a la vida...

El tiempo cayó una noche en un eterno descanso,
ya no hay luna, ya no hay noche,
todos los temores del invierno llegaron con su bruma
a acobijar nuestros templos de dolor...

Quizá nos acompañe la aurora del silencio
y la musa de tu alma me hable al mismo tiempo
del cómo y del cuándo, del por qué del invierno,
no es viento es sólo soledad...

Te hablo a tí, conciencia inconsciente del recuerdo,
cerebro sin masa, materia sin forma,
te hablo pequeña alegoría de la noche,
traigo noticias de aquel puerto...

Cómo explicarle al corazón, cómo enterder lo que no existe,
cómo resguardar al indefenso,
presa sublime de un mundo enfermo,
mundo salvaje del firmamento...

No llames a la noche, no llores más estrellas,
quizá las mismas rosas, aquellas del mortuorio recobeco,
conozcan a la andariega que reza entre sus besos...

Cómo no atacar al mundo, con su espada de lo bello?
Si no hay más que palabras que se enlutan del recuerdo,
ya no hay quizá más versos que nos hagan tropesar
con las dávivas celestes de un ser que sabe amar...